¿Una cruzada militar para cambiar de capo?

Jorge Jacobs / Empresario y periodista / Cees@cees.org.gt

Publicado: Prensa Libre/ Guatemala 29 de agosto del 2025

¿Tiranos o carteles? Jorge Jacobs explica cómo una intervención militar de Estados Unidos en Venezuela puede derrocar a Maduro, pero no eliminar el narcotráfico.

La posibilidad de una intervención militar estadounidense vuelve a cernirse sobre el Caribe. Destructores, submarinos, fuerzas de ataque anfibias, junto a miles de marines de élite, están siendo desplegados cerca de las costas de Venezuela, en una masiva “operación antinarcóticos”. El objetivo declarado: desmantelar el “Cartel de los Soles” y capturar a su presunto capo, el dictador Nicolás Maduro, por cuya cabeza se ofrecen 50 millones de dólares. Para cualquiera con memoria histórica, esta escena es un déjà vu.

La narrativa es muy similar a la utilizada en diciembre de 1989 para justificar la “Operación Causa Justa”: la invasión de Panamá para capturar a Manuel Antonio Noriega, otro dictador convenientemente convertido en narcotraficante, y también después de que pasara por encima de los resultados electorales. La pregunta fundamental, entonces, no es si la presión militar será suficiente para derrocar a Maduro —probablemente lo sea, con o sin incursión—. La pregunta es: ¿por qué insistir en repetir una estrategia que, aunque puede ganar una batalla táctica al remover a un tirano, está condenada a perder la guerra estratégica?

Para pronosticar el futuro del narcotráfico, basta con analizar el pasado. La operación contra Noriega fue, desde una perspectiva militar, un éxito: el dictador fue capturado y condenado. Pero, ¿se detuvo el flujo de drogas? La evidencia es contundente: la situación empeoró. Antes, Noriega centralizaba el negocio; tras su caída, el trasiego se fragmentó. El vacío de poder fue ocupado por los carteles colombianos y mexicanos.

El error fundamental es atacar el síntoma —el dictador del momento—, ignorando la enfermedad que lo alimenta: la prohibición de las drogas. La guerra contra las drogas nace de una “falsa filantropía” que utiliza el poder del Estado para “proteger a los individuos de sí mismos”, agrediendo la libertad individual en el proceso. Esta agresión estatal crea, de la nada, un mercado negro multimillonario. No es la tiranía de Maduro, por sí sola, la que financia al Cartel de los Soles; es la ilegalidad de las drogas la que genera ganancias inimaginables, corrompiendo todo a su paso.

El nobel de Economía  Milton Friedman  lo explicó con una lógica implacable: “Desde un punto de vista puramente económico, el papel del gobierno es proteger al cartel de la droga”. Al prohibir un producto de alta demanda, el Estado elimina a la competencia legítima y erige barreras de entrada —el riesgo de ser asesinado o encarcelado— que solo los criminales más despiadados pueden superar, garantizándoles ganancias de monopolio. En esta lógica perversa, la DEA y el ejército estadounidense son, involuntariamente, los garantes de mercado más eficaces de los carteles.

Aplicar una fórmula similar conducirá a un resultado parecido: un nuevo capo, o varios, tomará el control del negocio. Las drogas seguirán fluyendo hacia el norte porque la demanda existe y las ganancias de la prohibición son demasiado grandes como para desaparecer. La principal ventaja de la operación es que los nuevos capos ya no ostentarán el poder político.

La única manera de desmantelar a los carteles es quitarles su fuente de ingresos. Esto solo se logrará con la descriminalización de la producción, distribución y consumo de los estupefacientes. No basta con derrocar al dictador; se debe derogar el sistema que le dio su poder.

No me malinterprete, estoy convencido de que tiranos como Maduro difícilmente dejan el poder, a menos que sean depuestos. La intervención militar estadounidense probablemente logre ese objetivo, lo que será bueno para toda la región y, en particular, para los venezolanos. Pero el narcotráfico seguirá vivito y coleando mucho después de que Maduro y Diosdado languidezcan de la memoria de los latinoamericanos.