Ley de Cine: un lastre para la creatividad

Ramón Parellada C. / Empresario, catedrático universitario y director del Centro de Estudio Económico-Sociales (CEES). / rpc@cees.org.gt

Publicado: Prensa Libre/ Guatemala 26 de febrero del 2026

¿Cultura libre o cine subsidiado y controlado? Ramón Parellada explica cómo la llamada Ley de Cine no impulsa el arte, sino que crea burocracia, nuevos impuestos y privilegios que desincentivan la libertad creativa en Guatemala.

Hace poco, el Congreso aprobó la iniciativa 5906,   “Ley de Cine”.  No se necesita ninguna ley de cine y mucho menos crear un instituto para producir películas.  Las mejores películas se han producido sin incentivos ni leyes que utilicen fondos públicos.  Son películas en las que los que las hacen deben arriesgar su propio capital y reputación.  Cuando el dinero no me cuesta, los costos no son tan importantes y las películas serán más caras.

La razón detrás de toda esta ley mercantilista es para crear un fondo y apoyar la producción y difusión del cine nacional.  Para ello crearán más burocracia que estará a cargo del “Instituto Guatemalteco de Cine”.   Para subsidiarlo crearán un impuesto que se establece en el artículo 32 de dicha ley y que consiste en “el cobro de un dólar estadounidense (US$1) por cada boleto aéreo vendido a un extranjero que tenga como destino el territorio guatemalteco (estarán exentos los extranjeros que ingresen al país en calidad de diplomáticos, funcionarios de organismos internacionales o en virtud de tratados internacionales que lo establezcan)”.  Para subsidiar el Instituto Guatemalteco de Cine se deberá gravar el turismo extranjero; es decir, desincentivarlo.

Se crea una burocracia que se beneficiará de otros impuestos y del poder de otorgar licencias obligatorias (de pago y trámites) para realizar rodajes en el país.  También se consideran impuestos para plataformas que presenten películas guatemaltecas y cines.  Es un desincentivo para Amazon y Netflix, por ejemplo, a modo que tengan en sus catálogos películas guatemaltecas. La industria del cine funciona bien actualmente porque está desregulada.  La creación del Instituto Guatemalteco de Cine será un lastre para esta industria.  Me pregunto: ¿Quiénes serán los favorecidos con los fondos que se otorguen para la producción de películas?  ¿Qué tan malas serán esas películas, dado que los productores no arriesgan su propio capital?  ¿Los productores pequeños deberán pagar licencias?  ¿Quién define qué es un rodaje o qué es cine?  ¿Podrá un influencer generar contenido sin pagar una licencia?  ¿Qué pasa con la publicidad, ya que puede ser un híbrido con el cine?  La ley contempla sanciones, impuestos y la suspensión de producciones sin licencia.  Esta ley frenará lo que la misma pretende, incentivar la cultura guatemalteca. Lo espontáneo y natural es lo bello, lo que funciona, lo que la gente quiere ver y pagar por ello.  No lo que alguien decida que los demás quieran ver.

En la actualidad, el cine funciona en Guatemala sin mayores regulaciones ni injerencia estatal.  Como dice el dicho: “Si funciona, no lo toques”.  Esta ley creará un costo fiscal y de oportunidad con incentivos perversos contrarios a la intención de los fundadores.  Desviará recursos importantes que contribuyen al crecimiento económico del país y así mejoran el nivel de vida de los más pobres.  El mercado siempre es superior a la centralización de las decisiones estatales.  Las inversiones privadas a riesgo generan por de lejos mejores resultados que las que tienen subsidios o son pagadas por los tributarios.   Hoy existe competencia entre los productores, mientras que con el Instituto esta se verá mermada, ya que se financiarán proyectos que el mercado jamás escogería.  Esta ley matará la innovación y creará corrupción y dependencia de los fondos públicos.  Podría incluso llegar a influir ideológicamente y sesgarse en favor de alguna tendencia política.   Crea favoritismos en detrimento de la diversidad espontánea.   Creará barreras de entrada que hoy no existen, desincentivando nuevos talentos y productores que se inician.

El Congreso debe rechazar esta mercantilista, innecesaria, costosa y desafortunada Ley de Cine.