Estados Unidos y Guatemala

Carroll Ríos de Rodríguez / Catedrática y directora CEES / crios@cees.org.gt

Publicado: Prensa Libre / Guatemala, 23 de Enero 2024

La libertad como punto de encuentro

A los estadounidenses les conviene una Guatemala en paz y próspera, que manifiesta su amistad en círculos diplomáticos. Recién fue juramentado como embajador el diplomático de carrera Tobin Bradley. Él ha vivido en varios países, incluyendo México, y recientemente laboró en la Oficina para Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley (INL). Por tanto, Bradley posee conocimientos y experiencias en esta región, y podría construir relaciones que rindan resultados positivos para ambas naciones.

¡Guatemala debe progresar! ¡Es la única forma de superar la pobreza! Si la economía crece a un ritmo mayor, las oportunidades de empleos y emprendimientos lícitos en Guatemala se multiplicarán. Menos personas querrán migrar a Estados Unidos en busca del llamado sueño americano. Es tarea de los guatemaltecos instalar y mantener las instituciones necesarias para la libertad. Nuestro gobierno debe fortalecer el Estado de Derecho y hacer valer los derechos ciudadanos a la vida, la libertad y la propiedad privada. Debe priorizar la reducción de la violencia y evitar caer en las trampas de la represión, el mercantilismo y la sobrerregulación de la economía.

¿Cómo puede Estados Unidos apoyar en esta meta? Lo primero es reconocer que el comercio internacional es más efectivo que el asistencialismo. Estados Unidos recibe más de un tercio de los bienes y servicios que exportamos, pero podríamos exportar aún más si dicho país reduce las barreras de entrada a su mercado doméstico. Sería perverso promover la adopción de un sistema socialista o comunista en Guatemala: nuestro pueblo requiere del tipo de apertura que permitió el despegue económico histórico de los estadounidenses.

Lo segundo es comprender que la migración obedece a razones económicas. Los guatemaltecos asumen altos riesgos, se separan de sus seres queridos e invierten los ahorros familiares para cruzar la frontera ilegalmente tras hacer un cálculo de los beneficios que pueden obtener trabajando unos años en aquel país. Los permisos para trabajar temporalmente en Estados Unidos podrían regular los flujos migratorios.

Tercero, Estados Unidos tiene que asumir su responsabilidad por los daños causados por la guerra contra las drogas que declaró el gobierno de Nixon en 1971. Lejos de cosechar los resultados anhelados, se estima que durante la última década el consumo de drogas por estadounidense es el más alto en la historia y que el mercado negro de drogas asciende a miles de millones de dólares. En nuestros países quienes trasiegan drogas han contribuido al deterioro de los sistemas de justicia. Han inundado las cárceles, provocado corrupción, incrementado los índices de drogadicción local, empoderado a las maras y más. Se debe suplantar esta batalla con una estrategia multilateral efectiva que contemple una gradual despenalización de ciertos aspectos de la industria.

Cuarto, rogamos a los diplomáticos estadounidenses que respeten nuestra cultura y no nos impongan su agenda woke. Lo que menos necesitamos es que nos exijan adoptar lenguaje inclusivo, instruir a nuestros hijos en la ideología de género, abrazar el libertinaje sexual, legalizar el aborto y abandonar nuestras raíces cristianas. Nada de eso contribuye a la armonía social ni al bienestar de los guatemaltecos.

Finalmente, nos gustaría que nos trataran como los buenos amigos que hemos sido en el ámbito diplomático. Son poquísimos los países que, como Guatemala, se mantienen leales a Estados Unidos, y a nuestros amigos mutuos, Taiwán e Israel. ¿Comprenden que una región totalmente entregada a la izquierda internacional, comprometida con China, Rusia e Irán, pondría en peligro la seguridad de sus ciudadanos?