Publicado: Prensa Libre/ Guatemala, 26 de junio del 2026
¿Puede una firma municipal frenar el desarrollo del país? Jorge Jacobs advierte que la discrecionalidad en las licencias convierte la autonomía municipal en un instrumento de extorsión que paraliza inversiones y empleo. La solución, sostiene, exige reglas claras, plazos y sanciones reales.
El presidente Bernardo Arévalo dijo hace poco lo que el sector eléctrico denuncia desde hace meses: la autonomía municipal no puede frenar el desarrollo del país. La confesión llega tarde. Más de 41 proyectos de generación y transmisión están detenidos. Cientos y cientos de millones de dólares paralizados por una sola firma. La directora de la Comisión Nacional de Energía Eléctrica (CNEE), Claudia Marcela Peláez, lo dijo ante el Congreso: algunos alcaldes exigen pagos “no regulados” para autorizar las licencias. Los proyectos generalmente cumplen todos los requisitos de la intrincada tramitología chapina. Solo falta el sello municipal.
Si retener una licencia no acarrea un costo político ni judicial, pero sí una posición de negociación que se agranda cada semana, el resultado es previsible. Por eso es tan importante que las reglas se diseñen suponiendo que gobiernan los peores, no los mejores.
El problema de fondo es más sutil. El ingreso principal de la municipalidad llega por asignación, sin relación alguna con el dinamismo económico local. El alcalde no gana nada si su municipio prospera. Por eso el arbitrio discrecional sobre licencias se vuelve una de las pocas fuentes de caja donde puede extorsionar. Y su horizonte electoral de cuatro años hace irrelevante acabar con proyectos que durarán 30 o más. A él no le importa que esa mordida sacrifique décadas de empleo y desarrollo.
El peligro no está solamente en la mala intención, sino en el poder discrecional. Cuando un funcionario decide caso por caso, sin reglas generales y conocidas de antemano, desaparece el Estado de derecho y aparece el capricho. La licencia deja de ser un trámite y se convierte en una extorsión. La discrecionalidad es la antesala de la corrupción —y la enemiga silenciosa de la inversión que tanto presumimos perseguir—.
No todos los conflictos necesariamente están vinculados a la corrupción —aunque seguramente la mayoría sí—. Algunos alcaldes defienden intereses legítimos de su comunidad, y existen disputas territoriales de buena fe. Hay que distinguir tres casos: los cobros ilegales, que deberían implicar una denuncia penal; los arbitrios legales pero desproporcionados, que lo que necesitan son reglas técnicas; y los conflictos genuinos, que lo que requieren es arbitraje. Meter todo en el mismo saco es inútil.
La cura no es más discrecionalidad, sino menos. Primero, exponer a la luz: publicar los municipios y los nombres de los alcaldes extorsionistas y presentar las denuncias ante el MP y la Contraloría, porque las cucarachas huyen de la luz. Segundo, arreglar el sistema. La iniciativa 6665 ofrece una base que podría funcionar —ventanilla única, silencio administrativo positivo, arbitrios por criterio técnico—, pero solo si trae, además, plazos vinculantes, sanciones reales y recurso ágil ante la CNEE. Sin dientes, será otro parche inservible más.
Pero la 6665, en el caso de que funcione, resuelve apenas el sector eléctrico. El mal es general y nos afecta a todos: ciudadanos, empresas, constructoras y municipios por igual. Necesitamos límites claros y uniformes a lo que cualquier municipalidad puede cobrar por cualquier licencia. Es increíble la cantidad de cobros que se inventan las municipalidades que luego son declarados inconstitucionales por la CC. Yo no entendía por qué lo seguían haciendo los alcaldes si saben que es ilegal, hasta que alguien me explicó que, mientras la CC no lo declare inconstitucional, ellos pueden seguir cobrando “legalmente”.
La autonomía municipal es un pilar del sistema republicano que muchos alcaldes han usado como escudo para la rapiña. Defenderla de quienes la prostituyen es exigir que el poder local se someta a reglas, como todo poder en una sociedad libre. Si no lo hacemos, nuestro desarrollo seguirá siendo extorsionado.