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15 de febrero, 2019

Oferta Socialista: Digamos no al socialismo en las próximas elecciones.

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Carroll Ríos de Rodríguez

Seguramente algunos de estos candidatos se posicionarán como moderados y centristas, como social-demócratas, a fin de captar más votos, sobre todo teniendo en cuenta los malos resultados cosechados por la izquierda guatemalteca en comicios anteriores. O quizás intenten copiar el modus operandi de figuras políticas como Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez, Nayib Bukele, y Pedro Sánchez. Ni bien había terminado Donald Trump de afirmar, en su discurso del Estado de la Unión, que “Estados Unidos jamás será un país socialista”, cuando la joven diputada Ocasio-Cortez hizo olas mediáticas anunciando su socialista Nuevo Plan Verde. Pareciera que traen entre manos un producto nuevo, o cuando menos, un novedoso empaque, y que si les damos la oportunidad, esta vez, en este país, con estas caras nuevas, la implementación surtirá mejores resultados.

El hecho es que sigue siendo socialismo. Y no debemos votar por esta plataforma política porque jamás será un vehículo para la prosperidad. Además, mina el Estado de Derecho, la democracia y el tejido social y cultural.

Chuck Chalbert nos pide recordar las advertencias respecto del socialismo del ensayista inglés, G.K. Chesterton (1874-1936), en su artículo “What Alexandria Ocasio-Cortez could learn from G.K. Chesterton”. (Foundation for Economic Education, 10-II-19) Chesterton la tenía más difícil que nosotros, porque en su tiempo el socialismo democrático empezaba a ponerse de moda. A los críticos tocaba pronosticar la ruina que aún no habían suscitado dichos experimentos sociales. De hecho, el joven Chesterton sintió atracción por el socialismo pero cambió de opinión cuando escuchó a una popular conferenciante socialista decir que el gobierno debía despojar a los padres de sus hijos y educarlos directamente. En ese momento, Chesterton entrevió la necesaria pugna entre el sistema socialista y la institución de la familia. El socialismo necesita desmantelar al núcleo familiar para controlar e indoctrinar a la población. El plan requiere de una reprogramación del ser humano, de forma coercitiva. Chesterton comprendió que éste era un proyecto perdedor, porque va contra la naturaleza humana.  Volcó la vista hacia Rusia, donde el gobierno bolchevique efectivamente había declarado la guerra al matrimonio, a la familia, y al derecho de propiedad privada que garantiza a la familia su autonomía y libertad. Los bolcheviques odiaban la institución familiar por considerarla una institución burguesa y la atacaron autorizando los divorcios y eliminando la categoría de hijo ilegítimo.

Estemos atentos. “Una vez te invade el afán de salvar a la humanidad, toma dominio de ti el afán de coaccionar,” explica Chalbert. No podemos darle el poder de coacción a quienes gustosamente lo usarían para invadir nuestras familias, planificar centralmente la economía y quién sabe qué más. Además del fracaso del socialismo en los países de Europa del Este, el siglo pasado, los guatemaltecos tenemos a la vista la pérdida de libertades civiles y la pauperización de Nicaragua y Venezuela. Nadie puede llamar a los dictadores Daniel Ortega y a Nicolás Maduro demócratas sin retorcer cínicamente la definición de democracia. ¡Ojo!

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