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14 de octubre, 2019

La Salud pública como la conocemos no funciona

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Marcela Porta

No es un secreto que Guatemala es un país con muchas carencias en los servicios de asistencia médica. Una teoría muy difundida sobre la causa de este hecho es que el sistema elegido por el Gobierno del país, lejos de brindarle a las personas atención médica efectiva, es deficiente y poco solidario con los realmente necesitados. En este documento se resumen y refieren seis escritos relativos al funcionamiento de la salud pública y en el mismo se denuncia la poca efectividad de las opciones que los ciudadanos hemos tenido para combatir el fracaso médico-público.  

 

1. Recordemos que estamos mal respecto a la situación de la salud. 

Desnutrición y pobreza constituyen un círculo vicioso, por el doctor Luis Aragón.

Guatemala es uno de los países más desnutridos a nivel internacional. Que el 46.5 % de la infancia rural sufra de desnutrición crónica significa que prácticamente la mitad de los niños de las afueras de la ciudad padecen de esta afección.

Las consecuencias negativas de la desnutrición crónica no se limitan a la falta de peso y talla en relación con la edad. El doctor Aragón señala otros factores ―como la dificultad en los infantes para prestar atención, el problema de la mala conducta o la conducta agresiva, la depresión, el fracaso escolar y el coeficiente intelectual disminuido―, que son resultado de la deficiencia de nutrientes y calorías en el desarrollo temprano del ser humano. Por lo tanto, una persona que sufre de desnutrición encontrará muchas barreras para prosperar en la vida, colaborará con el subdesarrollo de nuestra población y además transmitirá este problema genético a su descendencia.   

Es aquí donde tiene lugar un absurdo círculo vicioso que prolonga el estado de pobreza de los guatemaltecos. Debido a la deficiencia alimenticia, las personas se enferman más y necesitan apoyo médico. Pero la asistencia clínica privada es inaccesible a los pobres, en parte a causa de este mismo padecimiento, que no les ha permitido superarse y profesionalizarse. Entonces, los Gobiernos adoptan políticas de salud pública para poder asistirlos. He aquí la importancia de vigilar que los métodos que escojamos, como país, sean efectivos para erradicar la desnutrición y rompan con una de las fuentes principales de las enfermedades en general.    

Al final de su artículo, el doctor Aragón sugiere que la reducción de barreras arancelarias podría traducirse en el aumento de ingestas calóricas variadas y diversas, provenientes de otras regiones geográficas. Esto ayudaría a diversificar la alimentación y a reducir la desnutrición infantil, aunque la cantidad de alimento no aumentara, y aunque el Gobierno no gastase más dinero en mejorar el sistema de salud pública. Lo curioso es que ―a pesar de figurar como uno de los países con más desnutrición a nivel mundial― Guatemala destina una considerable parte del presupuesto al sector médico. Llegados a este punto, vale la pena preguntarse: ¿Cuántos recursos se invierten para prevenir esta situación? ¿Cómo opera el Gobierno estos gastos? ¿Qué resultados cabe esperar de ellos?  

 

2. ¿Cuánto esfuerzo se hace en pro de la salud pública en Guatemala?: 

El destino del gasto público. Por el Centro de Estudios Económico-Sociales.

El Gobierno de Guatemala destina más del 30 % del gasto público a los programas sociales que incluyen ―entre otros― todo el sistema nacional de salud. Resumiré la operación e indicaré que, en el 2019, el monto dedicado a salud pública es de unos Q 20,788 millones1.

Como sabemos que lo presupuestado no es necesariamente lo recaudado o lo ejecutado en el gasto nacional, también indicaré en esta sección que el gasto destinado a salud pública en el año 2017 fue ―como dato más reciente― de Q 31 mil millones2.

Ahora bien, si Guatemala es un país con altos índices de pobreza, pero el Gobierno destina el 30 % del gasto público a los programas sociales, ¿por qué no hay mejoras evidentes en los índices de desnutrición del país? Existen diversas causas para que los efectos del Gobierno en la salud pública sean poco notorios. En el ejemplo que sigue, se subraya la corrupción como una de las causas más determinantes de que esto funcione así.

 

3. Lo que ocurre con las compras en el sector médico-público:Estudio sobre la CICIG: Caso Pisa (2015–2019).

Poco después de haber develado el caso La Línea, la CICIG denunció una operación fraudulenta en la que se involucra al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS)3. La compra de ciertos insumos para tratar pacientes con insuficiencia renal resultó en el fallecimiento de 56 personas y aproximadamente Q 31 millones confiscados a la farmacéutica Pisa, proveedora responsable de negociar el 15 % del acuerdo con el IGSS, a cambio de la adjudicación del contrato, cuyo monto era Q 116 millones4.  

Muchas personas fueron detenidas por este asunto y algunas de ellas permanecieron en prisión durante algunos años. Entre los detenidos había integrantes del personal administrativo del Servicio Social, algunos médicos y enfermeras, el entonces presidente del IGSS, el subgerente financiero de la organización y la representante de los trabajadores ante la junta directiva del Instituto. También arrestaron a Édgar de la Peña, directivo de Pisa5. Hasta aquí, estas personas están naturalmente vinculadas con la compra. Pero la situación se complicó cuando además detuvieron a integrantes de la Junta Monetaria, como responsables tecnócratas del proceso de adquisición de los productos. Algunos de ellos únicamente cumplían con firmar las órdenes de compra posteriores a la licitación y el análisis, que eran responsabilidad de los expertos del IGSS. Así fueron a prisión: Julio Suárez, presidente del Banco de Guatemala; Jesús Arnulfo Oliva, decano y representante de la Universidad de San Carlos; Erwin Castañeda, representante del Colegio de Médicos y Cirujanos; y Max Quirín, representante de los patronos6.

Para colmo de males, el Ministerio Público ha mostrado tal ineficiencia a la hora de resolver el caso, que las personas literalmente morían esperando un juicio que los liberara o los inculpara definitivamente.

[…] Erwin Raúl Castañeda, que falleció en septiembre de 2016 por un problema cardiorrespiratorio.  Posiblemente, de haber tenido una medida sustitutiva en aquel entonces, hubiera tenido un inmediato y adecuado tratamiento y estaría vivo aún7.

Luego ―en junio del 2018― Jesús Arnulfo Oliva se suicidó en la cárcel Mariscal Zavala, donde guardaba prisión preventiva desde mayo del 20158.  

Hoy la mayor parte de los sindicados están en arresto domiciliar, pero los representantes de Pisa fueron liberados sin cargos9. Este es un buen ejemplo para explicar cómo está ejerciendo el Gobierno la función de administrador de nuestros recursos y en especial de los destinados a la salud pública. Con este caso se pone en evidencia que el proceso de licitación ―en el que se evalúan las variables de calidad y precio de los insumos médicos― es deficiente y vulnerable a sobornos, y que la ley no se aplica a todos de la misma manera. Ejemplos como este hay muchos.

 

4. ¿Y para qué me habría alcanzado este dinero? 

Centro de prevención de la desnutrición crónica del caserío Chivoc

Como ejemplo del costo de unidad de salud, me gustaría mencionar el valioso aporte de la Asociación Passion del Dr. Mark E. Arellano.

Recientemente se difundió la creación del centro de prevención de la desnutrición en el caserío Chivoc. Es admirable y muy alentador que un grupo de personas haya logrado iniciar este exitoso proyecto únicamente con USD 200,000. En este enlace el lector puede informarse sobre el inicio de la construcción y entender cómo funcionará el centro.

Es fácil sacar ciertas conclusiones relacionadas con el apartado dos de este artículo: Si con USD 200,000 se logra instaurar un centro preventivo, el gasto nacional destinado a la salud pública ―que en el 2017 fue de Q 31,000 millones― representa USD 3974 millones o el equivalente a diecinueve mil centros de salud preventivos al año. Si tomamos únicamente la solicitud establecida en el presupuesto para el 2019 ―de Q 20,788 millones (USD 3373 millones) ―,  hablaríamos de unos trece mil centros anuales aproximadamente. ¿Será que los resultados de la ejecución presupuestaria son relativos o comparables a estos números?  ¿De dónde provienen las ideas “progresistas” de invertir nuestros impuestos en la forma en que lo hacemos? Es posible que los países pioneros de esta modalidad no anden mucho mejor en relación con este asunto. Más adelante, pondré dos ejemplos.

 

 5. Lo que sirve hoy quizás no funcione mañana. 

El fracaso de la seguridad social en los Estados Unidos. Por Silvia Patricia Ayala

La autora de este reporte critica el venerado sistema de Seguridad Social de los EE. UU. y señala sus dificultades como “obvias y, al mismo tiempo, complicadas”.  Según las estadísticas, en 1940 había aproximadamente 300 contribuyentes por cada beneficiario en del sistema de salud. En 1984 la relación ya era de tres contribuyentes por cada persona favorecida.

Cuando el sistema se inició, en 1935, el promedio de vida de una persona era de 62 años. Ahora [1984] es de 74. La tendencia de la expectativa de vida es a aumentar, mientras la tasa de natalidad ha disminuido. La gravedad del problema salta a la vista: el número de contribuyentes es cada vez más pequeño, en tanto que los beneficiarios aumentan en gran proporción.

Otros datos importantes son: el aumento de más o menos USD 175 millones al año para fines sociales, el incremento del 13.4 % en los impuestos patrón/empleado ―que además reduce el PIB año tras año―, y que los individuos son menos propensos a ahorrar, porque cuentan con que el Gobierno se hará cargo de sus necesidades más adelante, sin tomar en cuenta las estadísticas relacionadas. Además, las personas que no han producido nada suben de categoría en asistencia social a costa de que otros ―los que más han producido― bajen de categoría.

[…] el programa de ninguna manera fue creado para funcionar como el mayor mecanismo de «redistribución de riqueza», que es en lo que se ha convertido. Es un programa de transferencia, que toma el dinero de los trabajadores y lo pasa a manos de los que no trabajan. Según el Reporte Económico del Presidente, las transferencias del Gobierno a las personas crecieron en un 280% en la última década, mientras que los sueldos y salarios crecieron solamente 134%. ¿Por cuánto tiempo podrán las transferencias crecer dos veces más rápido que los salarios, que son los que, al final de cuentas, las mantienen?

Es preciso recordar que –en contra de lo que dijo Keynes– en un futuro próximo no todos estaremos muertos: nuestros hijos y nietos heredarán este asunto.  

 

 6. ¿Por qué el sistema público de salud no funciona y nunca funcionará? Por Prager University.

Si los sistemas de salud pública generalmente no tienen éxito porque no son autofinanciables ―la tasa de natalidad tiende a disminuir, mientras la de esperanza de vida aumenta, los esfuerzos del patrono limitan la producción y reducen el PIB, el sistema socialista de salud es riesgoso y notoriamente deficiente para países desarrollados― ¿por qué sería distinto para nosotros? Para terminar, vea este video. Dura cinco minutos.

 

Bibliografía

  1. Ministerio de Finanzas Públicas, “Comunicado 203.  Presupuesto  2019”, 27 de noviembre del 2018, https://www.minfin.gob.gt/index.php/comunicados/comunicados-2018/4944-203-presupuesto-2019-aprobado-por-q-87-mil-715-millones.
  2. Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, “Cuentas nacionales de salud 2016”, junio del 2017, https://www.mspas.gob.gt/images/files/cuentasnacionales/publicaciones/MSPAS(2017)Tendenciasdelfinanciamientodelasaludvf.pdf.
  3. Jerson Ramos, “Droguería Pisa fue beneficiada con un contrato por Q116 millones”, Prensa Libre, 31 de enero del 2017.
  4. Claudia Palma, “Así se pagaron las comisiones en caso IGSS-Pisa”, Prensa Libre, 27 de abril del 2016.
  5. Beatriz Tercero y Glenda Sánchez, “Ocho implicados en caso IGSS-Pisa obtienen arresto domiciliario”, Prensa libre, 2 de octubre del 2017.
  6. Saira Ramos, “Empieza juicio por el caso IGSS-Pisa e IGSS-Chiquimula”, Publinews, 12 de agosto del 2017.
  7. William Oliva y Manuel Hernández Mayén, “Se suicida en la cárcel el médico Jesús Oliva”, Prensa Libre, 11 de junio del 2018.
  8. Kenneth Monzón, “Condenan a 12 años y absuelven a nueve en caso IGSS Pisa”, 26 de septiembre del 2018.

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