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13 de enero, 2020

Niños que abandonan la escuela

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Luis Figueroa

No te imaginas la tristeza que me dio al leer que más de 3.6 millones de niños y jóvenes que podrían asistir a un centro educativo no lo hacen y que en Huehuetenango, Quiché y Totonicapán son los departamentos con más inasistencia escolar.

Da tristeza porque aquella información confirma que la gente (los padres y los adultos jóvenes) no valoran la educación.

Algunas personas ponen el carruaje antes que el caballo y piensan que la abundancia de personas educadas atrae inversión productiva; pero en realidad ocurre al revés.  La inversión productiva -que genera empleos atractivos- es la que también genera incentivos para valorar la educación que da acceso a aquellos empleos atractivos.

Dáme un momento y sígueme en esta.  ¿Está claro que la educación es un valor? Un valor es todo aquello que queremos adquirir, o conservar; pero hay un detalle importante: los valores son personales y son temporales.  Es decir que las personas valoramos cosas distintas, en tiempos distintos.  La educación, pues, tiene valor para quienes la valoran, cuando la valoran (es decir para quienes quieren conseguirla, o conservarla) ; y, por consiguiente, no tiene valor para quienes no la valoran (es decir para quienes no la quieran, ni conseguir, ni conservar).  ¿Está claro que personas distintas tienen valoraciones distintas en tiempos distintos?

Hay quienes creen que la gente valora mal; y que la gente debería valorar lo que ellos valoran.  Por eso creen que pueden, ¡y deben! imponer sus valoraciones sobre los demás.  Ya sabes, forzar a las personas a cambiar sus valoraciones para que valoren otras cosas.  ¿Qué hay de inmoral en aquellas creencia y práctica coercitiva? Que impide que las personas tomen decisiones de acuerdo con su mejor juicio y las infantiliza, las hace dependientes, anula su individualidad y su carácter de personas. Las hace objetos de valoraciones ajenas.

Sospecho, con mucha tristeza, que quienes abandonan las escuelas lo hacen porque no les ven valor, ni provecho a la educación (o sus padres no les ven valor, ni provecho a la educación) y tienen otras prioridades.  Trabajar para comer, por ejemplo; y este estado de cosas no es a causa de que no haya suficientes escuelas, ni maestros que valgan la pena; ni siquiera de que los pensa de estudios sean obsoletos, o ideologizados.  Es a causa de que mucha gente percibe que el costo  (económico, de oportunidad y emocional) a corto plazo de pasar seis años en la primaria; y cinco, o seis años más en la segundaria, no vale la pena en el largo plazo.  Porque….¿dónde es que va a trabajar la gente si no hay ofertas de trabajo?  Y no hay ofertas de trabajo porque no hay inversión productiva; y no hay inversión productiva porque no hay capital; y no hay capital porque no hay ahorro. Además la criminalidad y las extorsiones acaban con emprendimientos; las carreteras en mal estado y los túmulos encarecen el transporte; los impuestos para mantener a la clientela del sector público distrae recursos del sector productivo; la administración de justicia no es de fiar; y así nos vamos.

¿Viste? No es cuestión de construir más escuelas; darles más dinero a los burócratas de Joviel; o de imponer pensa de forma centralizada para que la gente valore la educación.  Es cuestión de que la gente identifique que, si se educa, o educa a sus hijos, estos van a tenere acceso a las oportunidades que demandan gente educada.

¿Quieres un ejemplo? A principios de los años 70 las mujeres que trabajaban en el servicio doméstico empezaron a dejar sus empleos para ir a trabajar a las maquilas.  Dejaban empleos poco valorados a cambio de empleos mejor valorados; y no es que las mujeres del servicio doméstico estuvieran capacitadas para coser; sino que las empresas que les ofrecían trabajo, también les ofrecían capacitación (educación). El caso es que consigueiron empleo, porque había trabajo, no porque estuvieran capacitadas.

Sospecho que, con el tiempo, las más chispudas entre ellas mejoraron sus empleos y sus ingresos en la industria de la maquila, o se movieron a otras oportunidades (cuando las había); y por supuesto ¡Pánico entre las amas de casa!

Pero se beneficiaron las mujeres que se fueron a las maquilas porque mejoraron sus empleos y sus ingresos. ¿Quiénes más se beneficiaron? Las mujeres que no tenían trabajo y querían empleo como domésticas, aunque no estuvieran capacitadas (educadas).  ¿Quién les dió la educación o instrucción necesaria? Pues sus empleadores El caso es que consiguieron trabajo, porque había empleo, no porque ya estuvieran capacitadas.

La educación, pues, sólo tiene valor si quienes la reciben le encuentran valor.

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