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02 de abril, 2020

Análisis de la situación relativa al Coronavirus por Marcos Ibargüen

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CEES

Hace hoy dos semanas Guatemala dio inicio a las medidas que, a criterio de un Presidente médico, eran las necesarias. En su gran mayoría, los guatemaltecos le apoyamos. Al día de hoy, Guatemala presenta 36 casos conocidos de Covid 19, uno de ellos con desenlace fatal y varios recuperados. Se resalta la meritoria labor en la creación de hospitales temporales.

Sin embargo, el impacto económico de esas medidas para la economía ha empezado a mostrar una faceta de esta enfermedad que podría tener implicaciones mucho más dañinas. Es difícil predecir su impacto, pero las severas restricciones a nuestras libertades y la confusa manera como son adoptadas formalmente y luego aclaradas en conferencias de prensa, nos tienen a todos confundidos, debilitando aún más a nuestro precario sistema legal.

Ante ese mar de confusión ya ayer regresaron las acostumbradas aglomeraciones vehiculares exacerbadas por supuesto, por el toque de queda. Debemos observar de cerca a nuestro vecino país El Salvador. Los ofrecimientos populistas sin planificacion logística ni claridad son en extremo peligrosos. Después de que un presidente como Bukele “daba el ejemplo” de medidas atinadas ante la crisis, ahora vemos aglomeraciones de personas en El Salvador sin precedentes arriesgando contagios masivos.

Comprendo realmente la enorme responsabilidad histórica que pesa sobre nuestro Presidente, y reconozco que ha estado actuando de buena fe. Sin embargo, creo que se han estado aplicando severas medidas restrictivas del motor económico como si fuéramos un país del primer mundo, cuando una gran mayoría de la población se juega la vida día a día priorizando un plato que comer HOY a una enfermedad futura, incierta e incomprensible.

Es previsible que conforme pasen los días, existan más actos de rebeldía de nuestros habitantes ante las restricciones que no les permitirán llevar un plato a su mesa. Otras cosas más terribles también son previsibles, pero no quisiera adelantarlas ahora.

Esas medidas copiadas del primer mundo no han considerado que las actividades económicas que no han quedado exentas o que cuentan con severas restricciones dan empleo a cientos de miles de personas de la economía formal. Todos esos empleos están en riesgo. Todas esas fuentes de empleo están en riesgo. No se puede pretender suspender las actividades de estos sectores afectados, sin suponer que o alguien más paga la cuenta de los trabajadores que necesariamente quedarán suspendidos o se creará mucho desempleo. Sin posibilidad de ingresos ninguna empresa puede subsistir, así de sencillo. Lo mismo y a mayor escala pasa en la economía informal.

Creo prudente y muy urgente que el gobierno continúe en su buena labor de preparación hospitalaria para atender los los casos más serios de esa terrible enfermedad, que continúe difundiendo los cuidados sanitarios que voluntariamente debemos atender por convencimiento más que por imposición, que las empresas que puedan hacer teletrabajo, lo hagan voluntaria y responsablemente, pero también creo igualmente urgente que se reevalúen las medidas adoptadas que pegan a la yugular de nuestra economía que es la que realmente alimenta a este país. En dado caso el ejecutivo opte por continuar en el camino de restringir la libertad de industria y comercio DEBE necesariamente encontrar una solución inmediata al gran problema de la suspensión laboral y de despidos masivos que están a la vuelta de la esquina. Temas delicados y decisiones muy difíciles pero importantes de tomar en el más corto plazo posible. Aquí cada día tiene un enorme costo adicional.

El miedo a esta enfermedad y la difusión masiva de las disposiciones que se adoptan en otros países y latitudes hacen que esta discusión se torne difícil o políticamente incorrecta. Sin embargo, me siento compelido por principio, a expresar mi pensamiento en el sentido que es momento de sopesar entre dos males y encontrar un balance que permita en la mayor medida posible que nuestro aparato productivo siga operando y si el Estado (aquí hablo de Estado porque incluye a los 3 poderes en sus distintos roles) mantiene su posición de restringir la actividad económica, debe al menos asumir la responsabilidad que el efecto de las mismas generará en todos y no pretender que las empresas, que ahora se ven sin ingresos o o con ingresos severamente restringidos, generen, como por arte de magia, el dinero necesario para garantizar pagar planillas e impuestos. La responsabilidad a la que me refiero es a la responsabilidad histórica de no haber reflexionado sobre el impacto que decisiones gubernamentales que bien puedan haberse adoptado de buena fe, causarán en nuestra economía y en vidas humanas también.

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