Artículos de prensa

Una sociedad de permisos y licencias

Ramón Parellada

05 de febrero, 2018

Cada vez que algún guatemalteco quiere crear riqueza se topa con una seguidilla de permisos y licencias que debe completar y someter a diferentes burócratas quienes con su monopólica firma y sello deberán autorizar.   Estos trámites van acompañados de impuestos que deben pagarse antes que el proyecto productivo pueda generar sus primeros ingresos.  Y posiblemente esto ocurra después de un año por el tiempo que toma obtener todos estos permisos y licencias.

 

Ninguna actividad productiva, por más pacífica que sea, está libre de la arbitrariedad burocrática de alguna oficina de control o de algún ministerio.  Es tal el deseo de control y la desconfianza absurda que existe en las actividades económica que las estamos destruyendo antes que lleguen a ser una realidad.   Debido a esta enorme injerencia estatal que encima se agrava con el tortuguismo de los últimos años, la economía informal en el país sigue creciendo.  Es común escuchar a alguien decir que no puede esperar a que a alguien le dé la gana de darle un papelito con un permiso para poder llevar a cabo su trabajo del cual vive.

 

Me preguntaban el otro día qué podemos hacer para que tengamos más crecimiento económico.  Una de las cosas que podemos hacer de entradita es eliminar tantas licencias y permisos que existen en nuestra sociedad.  Eliminar estas trabas hará más rápido los procesos de inversión y producción y disminuirá la economía informal.  No hay nada de malo en que una persona que quiera, en forma libre y voluntaria, arriesgando su propio capital, producir cualquier producto o servicio lo pueda hacer siempre y cuando no afecte los derechos individuales de los demás.  Esto no requiere permisos, sólo las leyes generales y abstractas que todos debemos respetar en una sociedad civilizada que se guie más por la persuasión que por la coerción.

 

Una sociedad de licencias y permisos donde todo se quiere controlar es una sociedad fracasada y sin futuro.   Es una sociedad que le quita las oportunidades a los más indefensos y los que tienen menos recursos.  Por el contrario, los que ya están establecidos y son grandes, cuentan con los recursos y el capital humano para poder sobrevivir en un mundo de trámites, licencias y burocracia.  En cierto modo, el gobierno evita la competencia con tanto control y requisitos.

 

Otro aspecto de tanta licencia y permisos es precisamente que esta causa corrupción.  En la medida que necesito que alguien me otorgue un permiso de lo que sea, en esa medida se crea un incentivo para que aquellos que los otorgan se aprovechen de la situación extorsionando a quien necesita ese documento pidiéndole una mordida a cambio de adelantar su expediente.  ¿Suena conocido?

 

Quienes están en la economía informal porque se les hace muy complicado cumplir con tantas regulaciones absurdas siempre están en peligro de ser sancionados si es que son descubiertos.  Pero la mayoría de veces salen adelante precisamente porque quien los puede sancionar lo extorsiona aprovechando de su posición de poder a modo de recibir algo a cambio para dejarlo en paz.

 

Después nos preguntamos por qué tenemos tanta corrupción en Guatemala.  La respuesta es sencilla, porque tenemos demasiada injerencia estatal a través de regulaciones, permisos, licencias e impuestos.  Este país tiene un exceso de leyes, regulaciones y reglamentos.  ¿Qué tal si los diputados hacen algo bueno para el país como emitir la “Ley del Ocaso”?  Esta es una ley que eliminaría toda aquella otra ley, regulación o reglamento que luego de 5 o 10 años de vigencia no fuera revisada y prorrogada por el mismo Congreso.  Estoy seguro que con una ley así se eliminarían tantos estorbos al desarrollo económico del país.

 

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