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07 de septiembre, 2020

Un gobierno con recursos, pero incapaz

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Jonatán Lemus

El Estado guatemalteco carece de capacidad. Guatemala aparece en la lista de los estados más débiles de la región al obtener la segunda peor posición en América Latina en 2019. Además, el puntaje en el índice de estados frágiles se ha mantenido constante desde el año 2009 (Fundesa, 2020). La incapacidad del Estado guatemalteco ha sido manifiesta en el pasado y actual gobierno, especialmente en lo concerniente a la ejecución del Presupuesto. Por ejemplo, la administración de Jimmy Morales cerró sus primeros dos años con porcentajes de ejecución menores al 90 por ciento. Asimismo, la presidencia de Alejandro Giammattei en sus primeros meses ha sido criticada por los bajos niveles de ejecución del Presupuesto.

Usualmente se escuchan argumentos sobre el impacto de la falta de recursos en la capacidad del Estado. Sin embargo, la escasa ejecución ha sido acompañada de incrementos anuales del Presupuesto estatal. Solo entre 2016 y 2020, el Presupuesto aprobado por el Congreso pasó de Q70 a Q91 millardos. La pandemia del COVID-19 aceleró esta tendencia con las ampliaciones presupuestarias de más de Q11 millardos. Para 2021 se prevé un presupuesto de más de Q99 millardos. Por otro lado, aunque la recaudación tributaria pasó de Q59 a Q64 millardos entre 2017 y 2019, esta no ha sido suficiente, lo cual ha incrementado la deuda pública. 

La incapacidad del Estado es producto de varios factores que van más allá del financiamiento. Primero, los recursos públicos se utilizan para financiar pactos colectivos, los cuales no privilegian el buen desempeño. Un segundo factor es la corrupción. Un ejemplo es la infraestructura pública, de baja calidad, debido a los incentivos perversos en la concesión de contratos. Un tercer factor es institucional. La Ley de Compras y Contrataciones no permite una ejecución eficiente y transparente. Finalmente, un cuarto factor es la calidad del servicio civil. Los partidos políticos ven a la burocracia como fuente de empleos para sus simpatizantes, muchos de ellos poco calificados para la gestión pública. 

Existe temor sobre las implicaciones de incrementar la capacidad del Estado para la libertad y la protección de los derechos de los ciudadanos. En efecto, no se puede ceder más poder a los gobernantes en contextos como el nuestro, marcados por el caudillismo, el autoritarismo y las constantes violaciones a la ley. En Guatemala los incrementos de capacidad estatal han coincidido con abusos y arbitrariedad, por ejemplo, los gobiernos militares se caracterizaron por la corrupción y el exceso de represión. En la época democrática, el gobierno de la UNE fue capaz de ejecutar sus programas sociales, pero a través de instituciones paralelas que evitaban la rendición de cuentas. Incluso instituciones internacionales han sucumbido a esta tendencia. Los avances de la CICIG en investigación penal se vieron comprometidos por la falta de limitaciones a su poder, el involucramiento en temas políticos internos, y el excesivo caudillismo de la figura del comisionado. En la actualidad, la personalidad autoritaria del presidente Giammattei se ha visto atenuada por la incapacidad del Estado para ejecutar todas sus regulaciones. Irónicamente, la incapacidad del Estado nos ha mantenido relativamente libres. 

Sin embargo, la debilidad del Estado también limita nuestras libertades en otros ámbitos. No podemos circular por las calles sin temor de ser víctimas de la delincuencia. Tampoco tenemos la certeza que nuestra propiedad e inversión será respetada por los demás. ¿Cómo fortalecer al Estado sin caer en la tiranía? Sin duda alguna este es uno de los grandes retos en la ciencia política. Afortunadamente existe esperanza. Un Estado capaz debe ser acompañado de una cultura liberal, creyente en la división de poderes, la libre empresa, el Estado de derecho, y sobre todo, la responsabilidad individual. En contextos donde no existe dicha cultura es comprensible el temor de incrementar la capacidad y el tamaño del Estado. Sin embargo, apostar a mantener un Estado débil tiene como consecuencia un gobierno con recursos, pero incapaz de cumplir con sus funciones básicas. 

 

*Publicado en El Periódico el 07 de septiembre del 2020. https://elperiodico.com.gt/domingo/2020/09/06/un-gobierno-con-recursos-pero-incapaz/

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