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26 de marzo, 2020

No ignoremos el costo económico

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Ramón Parellada

Por disentir, tener diferentes opiniones de lo que este y la mayoría de los gobiernos del mundo entero están haciendo para enfrentar el virus me ha llovido una cantidad de críticas e insultos que no tienen nombre. Algunos comentarios hasta consideran que el gobierno debería censurar todas aquellas voces que le cuestionan.

Y es que me preocupa enormemente la pérdida de nuestra libertad y la restricción de nuestros derechos individuales fundamentales. Y la mayoría de las personas lo acepta y hasta te tachan de subversivo por estar en desacuerdo con las medidas draconianas que con pasarán una factura mayor que la del propio virus. Me ha dado mucha pena ver la cantidad de personas arrestada durante el Toque de Queda, el que considero innecesario y draconiano. Es verdad, si hay toque de queda, aunque yo esté en contra del mismo, seré un imprudente si lo violo y me debo someter a las consecuencias.

Lo expresó muy bien Frank Furedi ayer, en su artículo de RT News “Llamando a quienes se oponen a las medidas totalitarias de Covid-19”: “Las personas que plantean dudas sobre la creación de un estado policial en respuesta a Covid-19 son denunciadas como idiotas irresponsables. Pero aquellos que quieren ser encerrados no tienen el monopolio de la sabiduría, debemos resistir el bloqueo del debate”.

Pero debo seguir diciendo lo que creo. Es verdad que las medidas de contención del gobierno han ayudado a contener el virus, pero hay un límite. El gobierno no ha hecho su cálculo económico en cuanto a las restricciones a las libertades y derechos individuales de los individuos que deben trabajar para llevar los ingresos diarios a sus familias. Mi punto es que este costo será mucho mayor que el daño que pueda causar el virus.

Me conmovió un comentario de un amigo en estos días de cuarentena, prohibición de empresas catalogadas arbitrariamente como “no esenciales” y luego el toque de queda. “Hoy volviendo de la oficina me pasó… venía varias personas caminando, entre ellas un ancianito cargando una mochila y una bolsa que parecían pesadas. Me detuve y le ofrecí jalón. En el trayecto me contó que se llama Don Juanito, tiene 78 años, es jardinero y lo que llevaba eran sus herramientas de trabajo. ¡Ay, seño, si no trabajo, no como; solo que ahora a caminar y a la mano de Dios!… Se me estrujó el corazón”.

David Katz, doctor y presidente de la “Yale-Griffin Prevention Research Center” de Estados Unidos, lo tiene bien claro a la hora de enfrentar este virus. Existen dos formas de enfrentar el virus analizando los daños (directos e indirectos) que causa y hay que balancear ambas. Los daños directos son los que el virus puede causar a la persona infectada con sus costos asociados incluyendo hospitalización en caso extremo. Los indirectos se refiere a los daños que puede causarse a la economía por su paralización y por las restricciones impuestas por el gobierno. Existe mucha incertidumbre así que estamos actuando en base a especulación. Pero con la información que ya tenemos sugiere aislar a los mayores de 60 años y que el resto de la población siga su vida normal siguiendo, eso sí, todas las recomendaciones de prevención personal posible. Si no se balancean las dos medidas entonces el costo indirecto puede llegar a superar enormemente el directo.

Ahora más que nunca resuena en mi cabeza la frase que el Dr. Manuel F. Ayau repetía constantemente cuando los derechos individuales eran violados: “El interés general prevalece sobre el interés particular, pero no sobre los derechos individuales, porque es de interés general que prive el derecho individual”.

 

*Publicado en Prensa Libre el 26 de marzo del 2020. 

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