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22 de febrero, 2021

¿Monopolio eléctrico estatal?

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Carroll Ríos de Rodríguez

El 21 de febrero de 1848, Karl Marx y Friedrich Engels publicaron El manifiesto comunista. Jamás imaginaron trasladar a los miembros del Comité de Desarrollo Campesino (CODECA) esa convicción que el motor de la historia es la lucha de clases. Marchan por las calles, 173 años más tarde, con idea de replicar la revolución socialista al estilo de Cuba y destrozar el capitalismo neoliberal. 

Una de las consignas centrales de CODECA, la de nacionalizar «bienes y servicios privados», también es de inspiración marxista. Miembros de CODECA afirman que los servicios públicos son derechos (no mercancías) y que el Estado debe retomar el control absoluto de la producción y distribución de la energía eléctrica. Una cosa sería promover la participación de pequeños empresarios en el mercado energético, o modificar la regulación actual para procurar mejoras en el servicio, pero CODECA va más allá. La re-nacionalización volvería a concentrar el control del sector eléctrico en un monopolio estatal.

Irónicamente, los países comunistas, así como aquellos azotados por la conflictividad, son los únicos lugares en el planeta donde altísimos porcentajes de la población carecen de electricidad. En países como Níger, Chad, Sudán del Sur y la República Democrática del Congo, menos del 20% de la población cuenta con servicios de energía eléctrica. 

En Guatemala, en cambio, según el Banco Mundial, 94.7% de la población tiene acceso a la electricidad y el acceso se ha «democratizado» rápidamente desde que se reformó el sector. En 1995, únicamente el 60.8% de la población se beneficiaba de este servicio.

CODECA parece decidida a replicar la trágica experiencia de Corea del Norte. Allí, se instaló una dictadura comunista que optó por el modelo de planificación central de la economía y se aisló del resto del mundo. Nada ilustra mejor la pauperización de Corea del Norte que las fotos satelitales tomadas de noche. Una obscuridad devastadora cubre el país, exceptuando el pequeño destello de Pionyang. En contraste, Corea del Sur brilla intensamente.  El 100% de los coreanos del sur tienen acceso a electricidad; únicamente el 48.5 de los norcoreanos tienen la misma suerte.

En 1948, el escudo Corea del Norte incluía una planta hidroeléctrica muy grande, pues en esos años, allí se producía la mayor parte de la energía que consumía toda Corea. Grandes plantas de generación eléctrica fueron construidas sobre el río Yalú, en los años treinta y cuarenta, por los japoneses. Por algunos años más, los subsidios soviéticos mantuvieron a flote su operación. Tras el colapso de la Unión Soviética, el sobreuso de la infraestructura pre-comunista y la falta de mantenimiento de las plantas condujeron a esa profunda oscuridad que ahora caracteriza al país.

Los pobres norcoreanos, a quienes el gobierno totalitario falló en su promesa de proveer energía gratis o barata, se autoabastecen de energía mediante pequeños generadores o generadores con pedales, o paneles solares contrabandeados de China. Otros recurren a la corrupción: pagan mordida para conectarse ilegalmente a bases militares u oficinas gubernamentales, porque a los funcionarios públicos no les cortan la luz tanto como a los ciudadanos de a pie.

La conflictividad social y la re-nacionalización de la electricidad únicamente empobrecerá más al campesino guatemalteco.  Podemos soñar con alcanzar el 100% de la cobertura, minimizar los trámites para la interconexión, reducir el precio,  garantizar un suministro estable, y evitar la corrupción. Pero para ello precisamos tirar El manifiesto comunista a la basura y apostar a los mercados libres y descentralizados.

 

* Publicado en Prensa Libre el 22 de febrero del 2021. https://www.prensalibre.com/opinion/columnasdiarias/monopolio-electrico-estatal/

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