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26 de enero, 2017

El muro de Trump

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Ramón Parellada

El pasado miércoles 25 de Enero, El presidente de Estados Unidos de América firmó una orden ejecutiva para vía libre para la construcción del muro entre México y ese país.   Durante su campaña, Trump aseguró que lo haría y que lo pagarían los mexicanos.  No tardó mucho el presidente de México, Enrique Peña Nieto, en decir que los mexicanos no pagarán ningún muro.

Mientras el ser humano en todo el mundo trata de eliminar muros y barreras para incrementar el comercio y las relaciones pacíficas entre individuos que viven en diferentes países, Donald Trump y algunos de sus partidarios pretenden levantar un muro que ni es amigable ni resolverá los problemas que pretende resolver en cuanto a la inmigración.  Más bien, ha causado mucha tensión.

Sin embargo, lo del muro es lo que menos me preocupa.  Entre la frontera de México y los Estados Unidos de América existen ya buenos trayectos con muros que han sido construidos por los americanos.  Si a esto le sumamos el desierto entre la frontera y las poblaciones más cercanas vemos que hay un muro natural.  Y esto sin tomar en cuenta que hay vigilancia de la policía fronteriza todo el tiempo en distintas partes del muro.    Lo que Trump hará es tratar de finalizar el muro donde no lo hay aunque existan partes que son complicadas para su construcción y lo hará a un costo muy alto para los americanos porque esto no es nada barato y no traerá los beneficios que espera, detener la inmigración ilegal.

Gran parte de la inmigración ilegal llega a Estados Unidos por donde puede, usando la imaginación y la creatividad, sacrificando inclusos sus vidas con tal de llegar a tener mejores oportunidades para ellos y sus familias.  Otra parte de esta inmigración ilegal ingresó por la vía legal, mediante una visa de turismo y luego no regresaron cuando venció el tiempo en que podían permanecer en esa gran nación.   Otro tanto ocurre con las drogas pero ese no es el tema principal que le preocupa a Trum

Sea como sea, la frontera seguirá siendo vigilada y todo lo que está haciendo Trump es crear una enemistad innecesaria entre dos países vecinos que son aliados y amigos y que hasta ahora tienen una gran dependencia entre sí.  Ambos se benefician de los productos que cada uno produce y luego intercambian y lo mismo ocurre con las personas que se mueven de un lado al otro de la frontera.

La fobia de Trump por un comercio limitado y por el control de la inmigración tiene más que ver con un concepto económico equivocado y con un Estado Benefactor que descompone a su país y causa incentivos perversos otorgando gratuidad en muchos sentidos a quienes están sean o no legales. Es peor limitar el comercio cerrando fronteras y protegiendo a los ineficientes que terminar un muro que no servirá para nada y costará muchos miles de millones de dólares a los americanos. 

El libre comercio siempre ha beneficiado y beneficia a todas las partes involucradas.  Adam Smith, el padre de la economía moderna, había escrito con claridad en favor del libre comercio. En su libro publicado en 1776, “Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las Naciones”, destaca las grandes ventajas del intercambio libre, la cooperación social y la división del trabajo.   David Ricardo, otro gran economista, en 1814, logra un enorme avance descubriendo lo que hoy conocemos como las Ley de Costos Comparativos.  Esta ley denominada “De Asociación” por otro gran economista, Ludwig von Mises, o como otros los conocen, “Ley de ventajas compartivas”, nos indica cómo la división del trabajo y el consecuente intercambio es más productivo que la producción sin intercambio, aún si una de las partes es menos productiva en todo con respecto a los demás.  En pocas palabras, la productividad del conjunto, es decir, con división de trabajo e intercambio, es mayor que la productividad individual autártica (aislada).  Los menos capaces o más ineficientes siempre se benefician y benefician a los demás en este proceso de división de trabajo y consecuente intercambio.

El mundo ha mejorado mucho en la medida en que mayor ha sido la división de trabajo e intercambio.  Lamentablemente todavía existen proteccionismos en la mayoría de países porque hay aún demasiados intereses de buscadores de rentas que hacen cabildeo para que exista esa protección a través de prohibiciones, permisos, licencias, aranceles y toda clase de barreras no arancelarias.  Esto es un “mercantilismo” empobrecedor de la mayoría pero que beneficia a los pocos que trabajan en esas industrias protegidas.   

El problema de la inmigración ilegal no se resuelve con el muro.  Más le convendría a los Estados Unidos de América incrementar el número de permisos legales para que disminuya la inmigración ilegal y ver la forma de eliminar los excesos y abusos de su sistema benefactor.  El inmigrante es productivo y genera un beneficio en el país a donde va.  Trabaja duro, se arriesga, es empresarial y disminuye los costos de las empresas que le contratan e incrementa la producción de la misma. Los trabajadores americanos no los quieren porque consideran que les quitan empleo pero hay muchos empleos que ya no quieren hacer y otros para los que están mejor capacitados los inmigrantes.  Inmigrantes hay de todo tipo, desde los que trabajan la tierra u operan máquinas en algunas fábricas hasta científicos y empresarios que aportan conocimientos y empresas.

Me preocupa enormemente la lógica equivocada y de revanchismo que pueda ocurrir como reacción a las provocaciones de Trump.  Trump puede limitar el comercio internacional y la inmigración con otros países con lo cual unos pocos americanos ganarán al volver a funcionar ciertas empresas que no eran eficientes con el libre comercio pero si con proteccionismo pero perderán todos los americanos que cuando consuman comprarán productos más caros y perderá el resto del mundo que negociaba con ellos.  Pero las pérdidas pueden ser peores si el resto del mundo responde con la misma moneda porque ciertamente dañarán a los americanos que se benefician de productos y precios más competitivos pero se dañarán a sí mismos también.  Con el proteccionismo y mayores limitaciones a la inmigración todos perderemos.  Nadie saldrá ganando.

Mi esperanza es que esa división de poderes que tiene Estados Unidos y que Alexis de Tocqueville destacó cuando visitó esa gran nación, frene las iniciativas empobrecedoras de Trump en cuanto al proteccionismo y la inmigración.  De no hacerlo, pronto los americanos experimentarán un alza en los precios de los productos que consumen y que hoy son más baratos gracias al comercio libre y a los inmigrantes.

* Publicado originalmente en República.GT

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