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El mercado intervenido

Warren Orbaugh

01 de mayo, 2017

En mi artículo anterior vimos que gracias a la división del trabajo, al asignar nuestro tiempo de acuerdo a nuestros costos comparados aumentamos nuestra producción total en 4 panes. Esto se logró sin haber cambiado nuestra productividad individual ni haber aumentado nuestro tiempo trabajado. Después del intercambio, en términos de pan ambos ganamos dos panes cada uno; en términos de tiempo ahorrado, tú ganas una hora y yo dos horas; y en términos de vestidos, tú ganas 3/4 de vestido y yo 2/4 de vestido. Ambos ganamos en el intercambio por nuestras diferencias de costos, pues para ti un vestido cuesta dos panes y dos tercios de pan, y para mí un vestido cuesta cuatro panes. A ti tus tres vestidos, en términos de panes te cuestan ocho panes; a mí los tres vestidos en términos de panes me cuestan doce panes. Al darte diez panes por tus tres vestidos, yo obtengo lo que me costaría doce, por diez, luego gano dos panes. Tú obtienes por tus tres vestidos, que te cuestan ocho, diez, luego ganas dos panes. Ambos ganamos gracias a la diferencia de costos comparados.

 

 Ahora, supón que vivimos bajo una tiranía mercantilista. El tirano, Fidel Chávez, es mi amigo. Así que, bajo el argumento de que mi familia siempre ha estado en el negocio de los vestidos y de que eso es lo que me gusta hacer, consigo un privilegio: sólo yo estoy autorizado a producir vestidos. El estado me concede el monopolio de la fabricación de vestidos. Como recordarás, sin división del trabajo, tú puedes producir en 24 horas, 24 panes y 9 vestidos; mientras que yo puedo producir en el mismo tiempo 12 panes y 3 vestidos. Con la división del trabajo, gracias a la libertad de intercambiar nuestros productos, tú puedes producir en 8 horas 16 panes, y en 16 horas 12 vestidos. Yo puedo producir en 24 horas 24 panes y no necesito dedicar ni un minuto a producir vestidos. Al intercambiar nuestros productos, yo puedo tener 14 panes y 3 vestidos. Habré ganado 2 panes. Tú podrás tener 26 panes, 2 más de los que puedes producir solo, y 9 vestidos, que es lo mismo que producirías solo. Al intercambiar ambos ganaríamos 2 panes cada uno. En este intercambio, el precio de tu pan sería: 0.30 de vestido.

 

Ahora, como no hay división de trabajo, sino que asignación, por Fidel Chávez, yo produzco en 24 horas 6 vestidos, y tú, en el mismo tiempo, produces 48 panes y ningún vestido, pues lo tienes prohibido. El peor de los caso para mí, es que quedara como cuando produzco todo solo, así que te doy 3 vestidos a cambio de 12 panes. De esa manera, yo tendré 12 panes y 3 vestidos, exactamente igual a que si yo lo hiciera todo. Tú, en cambio, quedarías con 36 panes y 3 vestidos. Tendrías más panes, pero menos vestidos. Lo que es más, si quisieras quedarte con 24 panes, y pudieras intercambiar 12 de tus 36 panes por vestidos, sólo podrías conseguir 3 vestidos más, pues ahora tu pan tiene un precio de 0.25 de vestido. Tu pan se ha depreciado. Si se pudiera, tendrías 24 panes y 6 vestidos, 3 menos de los que producirías tú solo, pero no se puede, pues esos 3 vestidos que quieres no fueron producidos. Yo quedaría igual y tú peor de lo que estaríamos solos.

 

Pero como yo no conseguí un privilegio para estar igual a como estaría solo, convenzo a mi amigo Fidel Chávez, de que el precio del pan está muy alto. Como el pan es un bien de primera necesidad, debe tener un precio barato. Además, le digo, es “justo” que todos seamos iguales y por tanto que tengamos lo mismo. Así que convenimos en que el precio “justo” del pan debe ser  0.125 vestidos, y mi amigo dictador emite un decreto para fijarlo en esa cantidad.  Ahora el pan que produces está realmente barato. Así que yo te daré 3 vestidos a cambio de 24 panes. De esta manera, yo estaré mucho mejor que si produzco todo solo, pues tendré 24 panes y 3 vestidos. ¡Habré ganado 12 panes! ¡Hurra! Y tú, tendrás 24 panes y 3 vestidos. Ahora sí que estaremos iguales, ahora sí que tendremos exactamente lo mismo, ahora sí que habrá “justicia social”. ¿Qué? ¿No te parece justo? ¿Mi privilegio te perjudica? ¿Me enriqueceré a costa tuya? ¿Yo gano y tú pierdes? ¿Estarías mejor solo? Que si estuvieras solo, producirías 9 vestidos, y por lo tanto en este arreglo perderás 6 vestidos, dices.  Sí, en efecto, así es.

 

¿Te das cuenta? Si algún grupo de individuos, usa al gobierno como arma, para obligarte a hacer aquello que no harías por tu propia voluntad,  por considerarlo inconveniente, o si usan al gobierno como arma, para impedirte hacer aquello que consideras conveniente, con la excusa de distribuir mejor la riqueza, o de establecer un orden más justo, el resultado siempre es injusto, siempre te perjudican. Te impiden ser virtuoso. Te impiden actuar de acuerdo a tu mejor razonamiento. Te impiden el acceso a información relevante pues distorsionan el sistema de precios pues el precio de algún bien se establece en la negociación que se da en el mercado, indicando la realidad de las preferencias y cálculos económicos de los negociantes. Te impiden actuar de acuerdo al contexto de la realidad, pues te obligan a actuar de acuerdo al arbitrario decreto de los tiranos. Te impiden ser independiente, pues otros deciden por ti. Limitan tu creatividad, pues restringen tu campo de acción. Haciendo gala de injusticia, te perjudican a ti para beneficiar a aquel que privilegian, y lo que es peor, como consecuencia de su imprudencia, disminuyen la productividad total. Es preferible para ti, vivir solo, que en un régimen así.

 

Comparemos esto en cifras dinerarias:

 

Precio libre en moneda:     1 vestido = $ 3 ⅓

 

                                                1 pan      = $ 1      o sea 0.30 de vestido.

 

La producción en moneda en el mercado libre es:

 

40 panes X $1          =  $  40

 

12 vestidos X $3 ⅓   = $  40

 

RIQUEZA TOTAL       = $  80

 

Recuerda que aquí ambos ganamos más por el intercambio que si no lo hubiéramos hecho.

 

La producción en el mercado intervenido (creación de monopolio) sin alteración de precios es:

 

48 panes X $1           =  $  48

 

6 vestidos X $3⅓      =  $  20

 

 RIQUEZA TOTAL      =  $  68

 

La productividad, y por tanto la riqueza, disminuyó en $ 80 – $ 68 = $ 12

 

Y ¿cómo le va a cada uno?

 

A ti que producías más vestidos te va así:

 

En mercado libre:

 

16 panes X $1         =  $  16

 

12 vestidos X $3⅓  =  $  40

 

 TOTAL                     =  $  56

 

En mercado intervenido con la creación por el Estado de un monopolio en la fabricación de vestidos a mi favor:

 

48 panes X $1         =  $  48

 

0 vestidos X $3⅓    =  $  0

 

 TOTAL                     =  $  48

 

Tú perdiste o dejaste de ganar $ 56 – $ 48 = $ 8

 

Si no te asociaras y produjeras para ti solo, producirías lo siguiente:

 

24 panes X $1            = $ 24

 

9 vestidos X $3⅓        = $ 30

 

TOTAL                          = $ 54

 

Solo, tendrías $ 2 menos que asociado en un mercado libre ($56 – $52), y $ 6 más que asociado en un mercado intervenido con un monopolio a mi favor ($54 – $48). Así que es evidente que no te conviene asociarte en un mercado intervenido.

 

Y, ¿cómo me va a mí?

 

En mercado libre:

 

24 panes X $1          = $  24

 

0 vestidos X $3⅓     = $  0

 

 TOTAL                      = $ 24

 

En mercado intervenido con la creación por el Estado de un monopolio en la fabricación de vestidos a mi favor:

 

0 panes X $1             =  $  0

 

6 vestidos X $3⅓       = $  20

 

 TOTAL                       = $  20

 

Perdí o deje de ganar $4 ($24 – $20). La productividad de la sociedad, como vimos antes,  disminuyó en $12: $8 perdiste tú, y yo $4. El resultado es que ambos nos empobrecimos.

 

Si no me asociara y produjera para mí solo, produciría lo siguiente:

 

12 panes X $1          = $ 12

 

3 vestidos X $3⅓     = $ 10

 

TOTAL                       = $ 22

 

Solo, tendría $ 2 menos que asociado en un mercado libre ($24– $22), y $ 2 más que asociado en un mercado intervenido con un monopolio a mi favor ($22 – $20). Así que es evidente que no me conviene asociarme en un mercado intervenido, ni aun teniendo un monopolio gracias al privilegio concedido por el Estado.

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