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07 de diciembre, 2020

El gato en la sacristía

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Federico Bauer

El primero de mayo de 1991, el papa Juan Pablo II publicó la encíclica Centesimus Annus, conmemorando la encíclica Rerum Novarum de León XIII.

A pesar del gran carisma de que gozaba dicho papa, dicha encíclica no fue difundida en Latinoamérica.

A Juan Pablo II se le reconoció parte del mérito relacionado con la caída del Muro, de la URSS, y de la liberación de su natal Polonia.

El Prefecto de la Fe era el cardenal Ratzinger, quien luchó contra la Teología de la Liberación, y que sería el siguiente papa como Benedicto XVI.

Yo, ingenuo, creí que a partir de esa encíclica, El Vaticano reafirmaría los derechos naturales de sus fieles y retornaría a su labor de apostolado, pero estaba equivocado.

Al concluir el Concilio Vaticano II, en 1965, El Vaticano adoptó una retórica más sesgada a temas socioeconómicos que pastorales; con unas pocas excepciones, incluyendo algunos párrafos de dicha encíclica, la Iglesia católica regresó al concepto de la comunidad de bienes, y contraria a la economía de mercado que ha sacado de la pobreza a las naciones que la han adoptado.

En el año 2002, después de dos décadas de investigación, Francisco Pérez de Antón publicó El gato en la sacristía, obra extensamente documentada, sobre la “Cuenta y razón del declive de la Iglesia católica en el mundo.”

A raíz de las encíclicas, cartas pastorales, sermones y otras comunicaciones del actual papa Francisco, en las que toca temas socioeconómicos, ajenos a su labor pastoral, considero conveniente hacer un breve resumen de la historia de la Iglesia, apoyándome en la obra mencionada. Me refiero a la historia relacionada con el derecho a la propiedad individual, y no toco temas teológicos para no caer en el vicio de opinar sobre temas que ignoro. 

Entre comillas están las citas textuales de dicha obra y en italics las citas de otros autores.

Regresando al inicio del cristianismo nos cuenta el autor: “Ahora bien, sin menoscabo del elevado espíritu que pudiera haber animado a los apóstoles de Jesús, resulta del todo discutible que la comunidad de Jerusalén, presidida por Santiago e integrada por Pedro, Juan, familiares y amigos de Jesús, pueda ser usada como ejemplo de un orden socioeconómico que deba ser emulado. En primer lugar, porque no fue sancionado por Jesús: el paradigma cristiano es filantrópico, no económico. En segundo, porque no fue un modelo social para multitudes, sino un orden cerrado y estrecho, propio de una congregación religiosa de carácter claramente monástico. En tercero, porque cuando un modelo de esta índole se proyecta a la sociedad, el experimento ha concluido siempre en un trágico fracaso. Y en cuarto y último lugar, porque la primitiva comunidad apostólica fue una sinagoga judía y no una comunidad cristiana.”

“El de cada cuál según su capacidad; a cada cuál según sus necesidades, tomado de San Lucas, reelaborado por Blanqui, un socialista francés del siglo XIX, y universalizado más tarde por Carlos Marx, es un eslogan tan sugestivo como ilusorio.”

“Lo insólito es que ni prelados ni teólogos admitan la trágica paradoja que comporta este modelo social, el cual lejos de ser un sistema apropiado para las grandes mayorías, sólo funciona en minorías sufridas y selectas.”

“Popper no hubiera sido benévolo con ellos: El cristianismo que recomienda la creación del mito como sustituto de la responsabilidad cristiana es un cristianismo tribal. Es un cristianismo que rehúsa cargar con la cruz de ser humanos. ¡Cuidaos de los falsos profetas! Lo que buscan, aún sin percatarse de ello, es la unidad perdida del tribalismo. Y el retorno a la sociedad cerrada que abogan es el retorno a la jaula y a las bestias.” ¡Qué fuerte pero cierto!

Por otro lado, “El norte de Pablo de Tarso es la caridad y ésta exige la existencia de la propiedad privada. Si lo que se tiene es de todos, nadie puede ser caritativo. La caridad es una virtud personal, voluntaria y no coercitiva: Tu buena obra no la hagas coaccionado sino libremente.” (Epístola a Filemón 1,13)

Pocos siglos después “En su elegante y característico estilo, San Agustín distingue, para empezar, la propiedad lícita de la ilícita y no da pie a especulaciones: Bien no ajeno es aquél que se posee con derecho: con derecho se posee lo que se posee justamente; y justamente se posee lo que se posee bien.” (Epístola 153,26)

“De aquí que nadie como él pudiera resumir ese liberalísimo espíritu en una sola frase, ama y haz lo que quieras, acaso la más hermosa y profunda de toda la ética cristiana.”    

Varios siglos más tarde, Santo Tomás nos ilustra: La propiedad privada es un derecho natural por un permiso de la naturaleza, así como la comunidad de bienes es un derecho natural por ser una tendencia también de la naturaleza.

 Pero vayamos al siglo XIX, en plena Revolución Industrial, cuarenta y tres años después del Manifiesto de Marx,  el papa León XIII, en 1891 publica la encíclica Rerum Novarum, en la cual es categórico:

Creen los socialistas que con el traslado de los bienes de los particulares a la comunidad se podrá curar el mal presente. Pero esta medida es tan inadecuada para resolver la contienda que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es, además, sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores, altera la misión de la república y agita fundamentalmente las naciones… Pero lo que todavía es más grave, (los socialistas) proponen un remedio en pugna abierta contra la justicia, en cuanto que el poseer algo en privado como propio es un derecho dado al hombre por la naturaleza.       

“?Cumplirá la propiedad privada con tal fin, así como con el destino universal de los bienes? La respuesta de León XIII es también afirmativa.”

Por lo demás , a pesar de que (la propiedad) se halle repartida entre los particulares, no deja por ello de servir a la común utilidad de todos.

Cuarenta años después Pío XI: La Rerum Novarum, dice, es la Carta Magna del orden social.

En su encíclica Quadragesimo anno reafirma lo manifestado en la Rerum Novarum. “Pero donde la doctrina pontificia quedará del todo sellada es en una frase que se ha tornado clásica: Socialismo religioso, socialismo cristiano, implican términos contradictorios, nadie puede ser a la vez buen católico y verdadero socialista.”

Pero en 1965, se regresa a la tribu, al concluir el Concilio Vaticano II, Paulo VI en su encíclica Populorum Progresio:

La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad cuando a los demás les falta lo necesario.

“El sofisma utilizado es muy sencillo: la comunidad de bienes persigue el bien común, luego el bien común exige la expropiación de los bienes.”

En Latinoamérica muchos interpretaron lo anterior y fundaron la Teología de la Liberación.

“En la síntesis cristiano-marxista salen las personas y entran las clases, se prescinde de la razón natural y se opta por el método histórico, se archiva a San Agustín y a Santo Tomás y se les sustituye por Marx y Hegel…”

“Lo que proponemos, resumirá Leonardo Boff, no es teología en el marxismo, sino marxismo en la teología.”

En 1978, el Colegio Cardenalicio elige a Juan Pablo II quien “no puede devolver a la propiedad privada su condición de derecho natural, sino darle el tratamiento de derecho secundario y subordinado al destino universal de los bienes, que es, desde el Vaticano II, el derecho primario. De ahí que reitere su aserto de Puebla según el cual sobre toda propiedad existe una hipoteca social.”

“A decir verdad, muchos católicos conservadores creyeron ver en Centesimus annus una especie de reconciliación con la doctrina tradicional de la Iglesia. Pero lo cierto es que esta encíclica pasaría a la historia como un asterisco o, a lo sumo, como un ensayo de coyuntura.”

Ni Juan Pablo II, ni Benedicto XVI reafirmaron el concepto del derecho natural en relación a la propiedad privada, oponiéndose a los más grandes teólogos y a varios papas desde León XIII.

La obra de Pérez de Antón resultó profética, y el papa Francisco continúa con el ataque eclesiástico en contra del derecho a la propiedad y su ejercicio en la economía de mercado. RIP Iglesia católica, el papa Francisco le está dando el tiro de gracia.   

 

Publicado en El Periódico el 06 de diciembre del 2020. https://elperiodico.com.gt/noticias/domingo/2020/11/29/el-gato-en-la-sacristia/

 

 

 

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