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01 de marzo, 2019

Crecer endeudado

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María Dolores Arias

Desde finales del año pasado se hablaba de la urgencia de aprobar, por parte del Congreso, el préstamo de 100 millones de dólares para financiar el programa “Crecer sano”.

Según las “buenas intenciones” de los burócratas en el Ejecutivo el préstamo estaría destinado para combatir la desnutrición crónica infantil, la muerte materna y de neonatos, vacunación, desparasitación, promoción de buenos hábitos de higiene, control prenatal en siete departamentos con la población más pobre del país.

Por consiguiente, se necesitaría gastar el préstamo en puestos de salud, letrinas, equipos de cloración y purificación de agua, así como la contratación de personal, todo esto dentro de la “Estrategia Nacional para la Prevención de la Desnutrición Crónica 2016-2022”.

Las intenciones de utilizar el dinero del préstamo para ayudar a los más necesitados es, en apariencia, un buen argumento para solicitar a los diputados del Congreso que lo aprueben de urgencia ya que “se corre el riesgo” de perder dicho financiamiento.  Sin embargo, no todo es como parece, al menos en política y en especial con el gasto público.

Empecemos con el punto que estos $100 millones serían ejecutados por los ministerios de Salud y el de Desarrollo Social a través del Fondo de Desarrollo Social, FODES, dos ministerios señalados por su ineficiencia en la ejecución del gasto y en el caso del Ministerio de Desarrollo Social, señalado de utilizar de manera discrecional los recursos en programas sociales sin mayor impacto.

Recordemos que en el Ministerio de Salud y el Fodes fueron señalados por sospechas de compras sobrevaloradas durante el estado de calamidad por la emergencia del Volcán de Fuego, de sobrevaloración en los insumos. Por consiguiente, es muy probable que buena parte de este préstamo se pierda en procesos ineficientes, despilfarro y corrupción.

También debemos recordemos que el retorno del gasto, es decir, la reducción real de la desnutrición infantil es muy poca o casi nula. Es decir, mucho de este dinero no llega a los más necesitados como nos hacen creer que sí. El año electoral, y por consiguiente el último del actual gobierno, propicia para que le dinero se utilice con fines electorales o para asegurar un “fondo de retiro”.

Aprobar préstamos para salir de la pobreza no ha funcionado y no va a funcionar porque el gobierno no está diseñado para administrar eficientemente los recursos, crea un sentido de indefensión e incapacidad en quienes reciben la “ayuda” del gobierno y crea el círculo vicioso de la dependencia hacia el gobierno.

Actualmente los jefes de bancada no han logrado ponerse de acuerdo para aprobar dicho crédito, esto aunque parezca cruel es lo mejor para todos; porque aunque parezca cruel e inhumano la realidad es que no lo es; ya que evita endeudar a futuras generaciones.

Las buenas intenciones que utilizan como argumento para aprobar préstamos como estos, no son suficientes; puesto que la realidad de lo que sucede una vez aprobados es que se reparten el botín entre los allegados al poder, no hay rendición de cuentas y los problemas que dicen resolver continúan con el agravante que además de continuar el problema se le agrega el hecho de estar endeudados.

No se deje engañar que por no aprobar este préstamo, los culpables de la desnutrición son quienes responsablemente se oponen a aprobar más préstamos.  Crecer endeudado no es ni será la solución de fondo a los problemas.

Si los diputados y demás burócratas realmente están preocupados por los más pobres deberían empezar por recortar gastos superfluos del inflado presupuesto anual, eliminar plazas fantasmas, revisar los abusivos pactos colectivos, eliminar las trabas a la inversión, garantizar la certeza jurídica y reducir el poder discrecional. Sin embargo de eso no se habla. 

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