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14 de junio, 2021

Atentamente, D. Ortega

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Carroll Ríos de Rodríguez

Estimado Señor Maquiavelo,

Le cuento que sus lecciones para tiranos funcionan de mil maravillas enfundadas en lenguaje socialista en esta era de la post-verdad: nos retratamos como el salvador del pueblo, mientras concentramos el poder y cometimos atrocidades.

¡Usted se asombraría ante la eficacia de la demagogia izquierdista! Mi pequeño principado, Nicaragua, alberga 6.5 millones almas, comparadas con las 50 mil que habitaban Florencia en 1523, cuando usted redactó El Príncipe. Mi pequeño país pasa un tanto desapercibido al observador internacional, y es barro maleable en mis manos.  

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) sacó provecho del mito del mártir Sandino; prometió a las masas luchar por ellas. El fin, que ostensiblemente es la redistribución y la equidad, justifica los medios, es decir, la violación de los derechos humanos básicos. En tanto se perciba nuestro fin como algo noble, nos dan licencia para mentir, expoliar, robar y hasta matar. 

Para los años ochenta, ya sabíamos que el capitalismo enriquece y el socialismo empobrece, así que adoptamos un modelo de economía mixta. Esta vía, además, nos permite culpar al imperialismo Yankee y a los empresarios de todo suceso negativo. ¡Es tan fácil vilificar al sector privado! Las masas han llegado a creerse víctimas de un turbio pacto entre avaros empresarios y políticos, y odian el liberalismo y el capitalismo. Permanecen ciegos al hecho de que el poder absoluto en mano de socialistas genera una mayor corrupción y pobreza.

Los sandinistas simulamos ser demócratas, así como la familia Medici, que inspiró sus escritos, mantuvo una fachada republicana mientras discretamente gobernaba Florencia. Le confieso que mi ambición de poder no tiene límite. Tras la victoria guerrillera en 1979, usurpé el mando de la Junta de Reconstrucción Nacional. He sido el único presidenciable del FSLN en las elecciones de 1984, 1990, 1996, 2001, 2006, 2011 y 2016. 

No perderé otra votación ni ganaré con un pinche 38%. Por eso, prohibí los observadores internacionales y vedé la participación a políticos opositores. Reporté ventajas aplastantes en las dos últimas elecciones, a pesar de las protestas y acusaciones de fraude. Hoy, gozo de las mieles de poder, con mi esposa Rosario de vicepresidenta. ¿Por qué no he de encarcelar a mis contrincantes y críticos? ¿Quién me frenará? ¿Qué importa que me comparen con Kim Jung-Un? Es un genio ese tirano norcoreano: sin chistar, los votantes desfilan hacia las urnas para depositar una papeleta, con un único nombre, postulado por un único partido.

Usted escribió que no se puede tener fe en un príncipe previamente ofendido: quienes protagonizaron las protestas de 2018 saben que no tolero ofensa alguna. Cacarearon la “unidad azul y blanco” y la “nueva revolución”, y hasta mi hermano Humberto pidió mi renuncia. Respondí: cualquier opositor de Daniel es “traidor a la patria”. Mis francotiradores ejecutaron a estudiantes.  Murieron más de 300 ciudadanos y miles salieron heridos. Encarcelamos y desaparecimos a otros. Al año siguiente, sumaban 70,000 los nicaragüenses pidiendo asilo en Costa Rica, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Pero a los reporteros les insisto que aquí no hay presos políticos ni represión, y que todo es culpa de los Yankees.

Ya vio Maquiavelo, el socialismo del siglo XXI fortalece a los príncipes tiranos, siempre que los gobernados olviden esas peligrosas ideas sobre el poder limitado, la descentralización, el Estado de Derecho y el constitucionalismo. Mantendremos el poder mientras la envidia, la reivindicación y el odio entre clases y razas prive sobre el ideal de la libertad. 

 

* Publicado en Prensa Libre el 14 de junio del 2021. https://www.prensalibre.com/opinion/columnasdiarias/atentamente-d-ortega/

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