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14 de febrero, 2019

¡DESPIERTA, OCCIDENTE!

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CEES

En diciembre último SELECCIONES publicó una condensación del primer discurso de Solyenitsin («No más concesiones»). He aquí la segunda, vigorosa advertencia a Occidente, tan inquietante como persuasiva.

¿Podrán los pacientes transmitir su experiencia a los que van a sufrir? ¿Puede una parte de la humanidad aprender de los amargos trances de la otra? ¿Será posible advertir a alguien del peligro que le amenaza?

¿Cuántos testigos de esta situación han pasado a Occidente en los 60 años últimos? ¿Cuántos millones de personas? Ustedes los conocen: si no por su desconcierto espiritual o por sus penas, al menos por sus acentos, por su apariencia. Varias oleadas de inmigrantes, procedentes de diferentes países, les han puesto al tanto de lo que ocurre allá. Pero ven ustedes sus gallardos rascacielos que apuntan hacia lo alto y se dicen: eso nunca ocurrirá aquí. Eso no lo veremos jamás.

Pero sí puede ocurrir. Es posible que suceda. Como reza el proverbio ruso: «Cuando te ocurra a ti, sabrás que es verdad».

¿Tendremos que esperar hasta sentir el cuchillo en la garganta? ¿No tomaremos conciencia de que todo el mundo está amenazado de que lo engullan? A mí me engulleron. He estado en el vientre al rojo vivo del dragón. Pero no pudo digerirme. Me arrojó. Y ahora vengo a dar testimonio ante ustedes de lo que ocurre allá.

El comunismo se describe sin trabas desde hace 125 años. Esto es inaudito. El mundo entero lee sus autodescripciones, pero (no sé por qué) nadie quiere comprender qué es realmente ese sistema. El comunismo es tan burdo cuando intenta explicar la sociedad y el individuo, como un cirujano que tratara de hacer una delicada operación con un hacha de carnicero. Las sutilezas de la sicología y las de la estructura social (que son aún más delicadas) quedan reducidas a crudos procesos económicos. Y de esta manera la criatura humana, el hombre, queda rebajada a materia.

Nunca ha ocultado el comunismo que rechaza los conceptos éticos absolutos. Hace escarnio de las indisputables categorías del «bien» y del «mal», pues considera que la moral es relativa. Conforme a este concepto, y según las circunstancias, cualquier acto, incluso matar a miles de personas, podría ser bueno o malo. Todo depende de la ideología de clase, definida por unos cuantos individuos. En esto el comunismo ha tenido un gran éxito. Actualmente muchas personas profesan esta idea. Se considera ridículo emplear en serio los calificativos «bueno» o «malo». Pero si se nos priva de esos conceptos ¿qué nos quedará? Hundirnos en la condición de animales.

El tributo de la libertad

Pero lo más sorprendente es que, aparte de todos los libros que publica, el sistema comunista ha ofrecido machismos ejemplos al hombre moderno. Los tanques han rodado con estruendo por Budapest y por Checoslovaquia. Los comunistas han erigido el Muro de Berlín. Durante 14 años han ametrallado a los que querían salvarlo. ¿Ha convencido ese muro a alguien? No. Pensamos que aquí nunca tendremos un muro berlinés. Y que los tanques invasores de Budapest y de Praga jamás hollarán este suelo. En los países comunistas se ha implantado un sistema de curas forzosas en manicomios, donde tres veces al día los médicos hacen su ronda e inyectan en los brazos de los internados sustancias destructoras del cerebro. ¡Y eso no debe importarnos! Aquí seguiremos viviendo en paz y tranquilamente, ¿verdad?

Lo peor del sistema comunista es su unidad, su cohesión. Las diferencias entre los partidos comunistas del mundo son aparentes. Todos están acordes en un punto: el orden social de ustedes debe ser destruido.

Todos los partidos comunistas, al tomar el poder, se vuelven implacables, pero en la etapa previa a la dominación adoptan diversos disfraces. Hablan de «frente popular» o “diálogo con la cristiandad». ¿Entablan los comunistas un diálogo con los cristianos? En la Unión Soviética éste fue muy sencillo: de ametralladoras. Y en agosto pasado, en Portugal, los comunistas dispararon contra los católicos desarmados. ¿Es esto dialogar? Los comunistas franceses e italianos afirman que dialogarán; dejemos que tomen el poder y ya veremos qué hacen.

Mientras en la Unión Soviética, en China y en otros países comunistas no haya limite en el empleo de la violencia, ¿cómo pueden considerarse ustedes seguros o en paz? Comprendo que amen la libertad, pero en nuestro mundo superpoblado tienen que pagar un tributo por ella. No pueden querer libertad sólo para ustedes y aceptar callados que la mayoría de la humanidad esté sometida a la violencia y a la opresión.

La ideología comunista consiste en destruir la sociedad occidental. Tal ha sido su designio durante 125 años, y nunca ha cambiado; sólo se han transformado los métodos. Cuando hay distensión, coexistencia pacífica y comercio, seguirán insistiendo: ¡La guerra ideológica debe continuar! ¿Y qué es la guerra ideológica? Un foco de odio; una incesante renovación del juramento de destruir a Occidente.

Creo entender la posición de ustedes; resulta natural que la gente próspera no comprenda fácilmente lo necesario que es prepararse (ahora mismo) para la defensa. Cuando los estadistas norteamericanos firman un tratado con la Unión Soviética o con China, ustedes creen que se cumplirá. Pero los polacos, cuando en 1921 firmaron con los comunistas un tratado en Riga, también querían creer que ese acuerdo se cumpliría; fueron apuñalados por la espalda. Estonia, Letonia y Lituania firmaron pactos de amistad con la Unión Soviética y querían creer que se respetarían. Pero estos países fueron devorados.

Y al mismo tiempo, los que ahora pactan con ustedes, confinan a los disidentes en hospitales psiquiátricos y en prisiones. ¿Por qué habrían de ser diferentes con ustedes? ¿Les tienen acaso algún afecto? ¿Por qué razón obrarían honorablemente con ustedes cuando aplastan a su propio pueblo? Los abogados de la distensión nunca lo han explicado.

Ustedes quieren creerles y reducen los efectivos de sus ejércitos. Además, disminuyen sus investigaciones. Hace poco cerraron el Instituto para el Estudio de la Unión Soviética (el último centro que en realidad podía estudiar a esa sociedad) por falta de fondos para seguir sufragando sus gastos. Pero la Unión Soviética silos estudia a ustedes: los rusos están al tanto de lo que sucede en las instituciones norteamericanas. Visitan a las comisiones del Congreso; lo estudian todo.

Jaque mate nuclear

El principal argumento de los partidarios de la distensión es que resulta indispensable para evitar la guerra nuclear. Pero creo que puedo tranquilizarles: no estallará esa clase de contienda. ¿Por qué habría de estallar, cuando vemos que durante los 30 años últimos los comunistas han desgajado a Occidente como les ha venido en gana, gajo tras gajo? Tan sólo en 1975 se apoderaron de tres países en Indochina.

Los teóricos norteamericanos dicen: «Los Estados Unidos disponen ahora de suficientes armas nucleares para destruir a la otra mitad del mundo. ¿Para qué queremos más?» Por mucho que los especialistas nucleares norteamericanos razonen así, los dirigentes de la Unión Soviética tienen muy otros puntos de vista. En tanques y aviones, la URSS supera a ustedes en proporción de cuatro, cinco o siete a uno. O hace con radar pruebas prohibidas explícitamente en el acuerdo; o viola todas las limitaciones respecto al tamaño de los proyectiles: o pasa por alto las restricciones respecto de las ojivas nucleares múltiples.

En un tiempo no había comparación entre el poderío de la URSS y el de ustedes. Ahora la fuerza de ellos es superior. Dentro de poco la proporción será de dos a uno. Después, de cinco a uno. Con una superioridad nuclear de tal magnitud, podrán impedirles utilizar las armas, y una infausta mañana les anunciarán: «¡Atención! Nuestras tropas avanzarán por Europa y, si ustedes hacen el menor movimiento, los aniquilaremos». Y esa proporción de dos a uno o de cinco a uno surtirá su efecto. Ustedes no harán ningún movimiento.

Un mundo en crisis

Además de la grave situación política por la que atraviesa el mundo actualmente, nos acercarnos a una encrucijada en la historia de la civilización, comparable sólo con el momento en que terminó la edad media y empezó la edad moderna: un cambio de civilización. Es el punto en que empieza a tambalearse y acaso a derrumbarse la escala de los valores que hemos respetado durante toda nuestra vida.

Las dos crisis (la política y la espiritual) ocurren simultáneamente. Es nuestra generación la que tendrá que enfrentarse a ellas. Los dirigentes de ustedes deberán soportar una carga más pesada que nunca. Sus estadistas necesitarán intuición profunda, previsión espiritual, grandes cualidades intelectuales y anímicas. Dios quiera que tengan en el timón a personajes tan egregios como los que fundaron su país.

Aquellos hombres nunca se apartaron de sus convicciones éticas. No rieron ante la validez absoluta de los conceptos del «bien» y del «mal». Su política se guiaba por una brújula moral. Nunca dijeron: «Que la esclavitud reine en la casa vecina. Nosotros aceptaremos la distensión y esa esclavitud mientras no nos afecte directamente».

He viajado lo suficiente por este país para estar convencido de que el corazón de los Estados Unidos es saludable, fuerte y de amplias miras. Y al contemplar la vida libre e independiente de ustedes, todos los peligros a los que me he referido parecen imaginarios; en sus vastos espacios incluso yo me contagio de optimismo. Pero esta vida despreocupada no puede continuar aquí ni en nuestro país. Asistimos ahora mismo a la exacerbación de un mal mundial, del odio a la humanidad, que está empeñado en destruir esta sociedad. ¿Esperarán ustedes hasta que llegue con un ariete de acero a demoler sus fronteras?

¡Basta de enviarles palas!

En la Unión Soviética nacemos esclavos. Ustedes nacieron libres ¿Por qué entonces ayudan a nuestros esclavizadores? Cuando empiecen a enterrarnos en vida, ¡por favor, no envíen palas a nuestros sepultureros! ¡Por favor, no les manden el equipo más moderno y eficiente de excavadoras!

La existencia de nuestros amos, desde el comienzo hasta el fin, depende de la ayuda económica occidental. Lo que ellos solicitan a ustedes les es del todo indispensable. La economía soviética es sumamente ineficaz. Lo que aquí hacen unas cuantas personas con unas cuantas máquinas, en nuestro país lo hacen multitudes de trabajadores y muchas toneladas de maquinaria. Por tanto, la economía soviética no puede enfrentarse a la vez a todos los problemas: la guerra, la exploración espacial, la industria pesada, la industria ligera, y al mismo tiempo alimentar y vestir al pueblo. Las fuerzas de toda la economía soviética están concentradas en la guerra, en lo que ustedes no les ayudarán. Pero todo lo necesario para alimentar al pueblo o para la industria lo obtienen de Norteamérica, que está ayudando al estado policiaco soviético.

Nuestro país recibe la ayuda de ustedes, pero en las escuelas y en los diarios proclaman: «Vean al mundo occidental, que empieza a pudrirse. El capitalismo está en agonía. Ya está muerto. Y nuestra economía socialista ha demostrado el triunfo del comunismo de una vez para siempre». Creo que por fin debemos permitir a la economía socialista que demuestre su superioridad. Permitámosle que demuestre sus adelantos, que es omnipotente, que está a la par de la norteamericana. No intervengamos en ella; cesemos de venderles y de concederles empréstitos. Que se sostenga sobre sus propios pies durante 10 o 15 años. Entonces veremos su verdadero rostro.

Puedo anticiparles cómo será. Tendrá que reducir sus preparativos militares. Habrá de abandonar su inútil esfuerzo de exploración espacial. Se verá obligada a alimentar y a vestir a su propio pueblo. Y el sistema tendrá que suavizarse.

La guerra fría (la guerra del odio) sigue su curso, pero sólo atizada en el bando comunista. ¿En qué consiste? En maniobras de engaño. Ellos comercian con ustedes, firman tratados y acuerdos, pero siguen burlándose de ustedes; siguen maldiciéndolos. En lo más profundo de la Unión Soviética la guerra fría no ha cesado ni un segundo. No dejan de llamarles «los imperialistas norteamericanos», ¿Acaso deseo incitarlos a que reanuden la guerra fría? ¡Dios no lo quiera! Entonces, ¿qué pretendo? Lo único que les pido es que suspendan su a ruda a la economía Soviética.

En la antigüedad el comercio comenzaba con la reunión de dos personas que se presentaban desarmadas una a la otra. En prenda de ello cada uno extendía la mano abierta. Tal fue el origen del apretón de manos. En el mundo de hoy «distensión», significa una disminución de la hostilidad. Pero opino que necesitamos más bien la imagen de la mano abierta.

Las relaciones entre la Unión Soviética y los Estados Unidos deberían ser tales que no hubiese engaño en cuanto a armamentos; que no existiesen campos de concentración ni hospitales psiquiátricos para gente sana. Las relaciones deberían ser tales que se pusiese fin a la incesante guerra ideológica emprendida contra ustedes, y que un discurso como el que ahora concluyo no fuese en ningún modo una excepción. Podrían venir a este país personas procedentes de la Unión Soviética y de otras naciones comunistas, y decirles la verdad de cuanto ocurre allá. Sería una era histórica en la cual se pudiera extender con toda sinceridad, «la mano abierta».

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